Je Suis Karina

Me llamo Karina y odio este nombre de transformista botoxeado que alguna vez fue cantante famosa cuando mis papás decidieron concebirme y gracias a la hormonalidad de mi mamá novelera, ahora también es mío.

Hoy te escribo cansada de las actualizaciones de status en Facebook de mis primas quinceañeras, esas que ya llevan nueve despechos y ni siquiera su novena regla, creyéndose maduras aún cuando su protector de pantalla sigue siendo de One Direction.

Estoy harta de las fotos en Instagram de la pasante del área. Es de esas que no puede cortarse el cabello sin dejar de tomarse una docena de fotos en su cubículo y bombardearlas con puros hashtags: #haircut #blonde #bendecida #perfect. ¿Será que alguien podría decirles a estas niñas de ahora que poner frases de Coelho en Twitter no sirve para hacerlas ver filosóficas si todo lo que suben son selfies con boca de pato en el baño?

Y ¿cómo le digo a las que estudiaron en mi colegio que ponerse tetas falsas las hace tan guapas como el camuflaje te hace invisible? Y que los 30 likes que le dan unos viejos de Kazajistán -gracias a sus nuevas adquisiciones- no reemplazarán todas las veces que sus papás faltaron a las obras del fin de curso. La silicona ya pasó de moda!

Ni hablar de las que todas las mañanas suben fotos de los mensajitos que les salen en el té de manzanilla, esos que se toman para pasar la amargura de las canas, la falta de novio y que ayer se perdieron el maratón de las Kardashians. Son casi tan patéticas como las que andan idiotizadas viendo videos de cómo hacer un porta cosméticos con una caja de Special K. Por Dios! Si yo ya aprobé kínder hace más de lo que quisiera admitir para estar con manualidades y es mejor dejar a las delicadas e infantiles manos chinas hacer lo que mejor saben hacer.

Lo que menos soporto es el hecho de que mi psiquiatra me haya sugerido – por no decir prescrito – que escribiera un diario para despejar mi mente, pero aprovecharé la oportunidad para decirles a todas esas subnormales arriba descritas que aunque su tatuaje en el cuello diga: “Sólo Dios puede juzgarme”, aquí estoy yo para hacerlo.

Karina.

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