Dolores G.

Grandma

Hace poco escuché a una chica decir con mucho orgullo que “no hay nada mejor que estar al lado de un hombre exitoso”,  como si de alguna manera fuera también mérito suyo y que eso hablara aún mejor de ella. De vuelta a casa no pude evitar recordar el episodio, de sólo pensar en decir lo que esa chica dijo, en voz alta y con tanta presunción me haría sentir mucha pena.

Esta chica ya logró su mayor meta en la vida, conseguir estar al lado de un hombre con el éxito que ella jamás se ha propuesto alcanzar. ¿Qué puede ser mejor que eso, verdad? Pues, se me ocurren al menos 50 cosas mejores entre las que está pagar el mercado limpiando mesas en McDonald’s, y lo digo sin ánimos de denigrar a nadie y sin esperar que cuando lo diga en voz alta me feliciten.

Ni ser exitosa basta para justificar al idiota que tienes al lado, ni los logros de tu pareja deberían ser suficientes para sentirte realizada. Conseguir a un hombre del que tu mamá está orgullosa significa que al menos escuchabas la mitad de sus sermones, pero dudo que conformarme con eso llene del todo mis expectativas.

De niñas nos meten en la cabeza la idea del hombre ideal y proveedor para la familia, mi mamá esperaba que yo pudiera conseguir un esposo trabajador y establecido, afortunadamente también me enseñó la importancia de la educación, de fijarme metas propias y alcanzarlas.

Sin embargo el discurso de muchas madres se queda en el primer paso, tal como las educaron a ellas hace varios años atrás bajo otro tipo de sociedad y es así como muchas mujeres ven en un ejecutivo o un empresario el hombre con quien caminar al altar. Como si el único requisito necesario para la marcha nupcial es la cuenta bancaria de su significativamente más exitosa media naranja; dejando de lado sus metas, pues  el cargo de su esposo es lo suficientemente grande para llenar la boca de ambos.

Me gustaría preguntarle a muchas ¿De qué hablan cuando quieren impresionar a los demás? Mencionan que quieren hacer una maestría, que están aprendiendo un nuevo idioma, o de la promoción que recibió su novio y las vacaciones que prometió regalarles con el nuevo aumento.

Creo que todas en algún punto hemos caído en este error, el problema está en no notarlo y sobretodo en no querer cambiarlo, en conformarse con disfrutar los beneficios de un éxito que no fue alcanzado con el esfuerzo propio.

Siempre recordaré la conversación que tuve con una señora sobre sus arrepentimientos y anhelos, me confesó la tristeza que sentía por haber sido siempre definida por los hombres en su vida “Primero fui la hija de Don Alfonso, luego fui la secretaria del Sr. Medina y pasé el resto de mi vida siendo la esposa del Sr. Rodríguez”.“Nunca fui yo” sentenció aquella dulce señora, que espero sepa que yo si la recordaré por su nombre y que haré lo posible para ser recordada únicamente por quien soy.

Karina

Anuncios

2 comentarios en “Dolores G.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s