Conversaciones de semáforo

Crosswalk-17

-Acabo de llegar de reunirme con mi cliente, me invitó a que fuera con él a su club de campo el fin de semana –risa nerviosa- obvio le tuve que decir que no.

La risa nerviosa de la chica que contaba esta historia era la mejor manera que tenía de buscar alguna reafirmación de que su decisión fue la correcta, ante lo cual su amiga contestó:

-Espera, pero ¿al menos le dijiste que fueran mejor a almorzar o a tomar un café? Digo, ¿no lo hiciste sentir incomodo después de decirle que no?

-Ah sí, le dije que mejor quedábamos en la semana para ir a cenar y fui super amable con él para que no viera que me lo tomé de mala manera.

Si alguien estaba en la Av. Reforma a las 3:00 de la tarde, yo era la chica con los ojos completamente fuera de órbita que escuchaba una conversación ajena. ¿Cómo es que estas dos mujeres están bajo la impresión de que el hombre que se está propasando en un ambiente laboral es quien merece la mayor amabilidad posible para evitar que se sienta incomodo ante su propuesta absolutamente inapropiada?

Quise por un momento interrumpir y afirmarles que ningún comentario es tomado de mala manera si se le da la única interpretación posible, pero el semáforo peatonal cambió a verde y fui en dirección opuesta a estas dos mujeres que siguieron su conversación mientras luchaban por caminar sobre el asfalto en tacones de aguja, ¿qué cómico, no? se esfuerzan tanto por dar una buena impresión a los demás que se terminan quitando importancia a ellas mismas.

Karina.

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