Círculo cromático

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Recuerdo una visita a casa de una amiga de mi mamá, una de esas salidas obligadas en las que no tienes nada mejor que hacer que sentarte y aburrirte. Pasé la tarde en el cuarto de su hija Carla, quien estaba próxima a casarse y escuché cómo con el mayor secretismo del mundo ella le revelaba a su menos afortunada amiga el secreto para llegar al altar, clave inequívoca para la felicidad o al menos eso decían ellas.

Para mi sorpresa el discurso no comenzó con la importancia de la comunicación y el respeto mutuo, sino con un relato exhaustivo de todas las desilusiones y rupturas que había atravesado anteriormente, aquellos hombres que la habían hecho infeliz y como por fin había conseguido al hombre perfecto gracias a una fría selección, donde finalmente entendió que lo importante es “escoger” las cualidades que buscas realmente en un hombre.

Es decir, si quieres que sea guapo y trabajador probablemente no sea muy fiel y se tomará más selfies por minuto que Kim Kardashian como lo fue Ricardo; o si quieres un hombre inteligente y respetuoso, llorará viendo Bridget Jones y sabrá la diferencia entre el color menta y aguamarina como era Juan Pablo; para finalmente ceder y decidir estar con alguien cercano a su familia y que te quiera pero que ignora su calvicie y menosprecia tu trabajo, como lo es Julio su hasta ahora esposo.

Su teoría se basaba en una especie de círculo cromático con las características que esperas de una pareja y las diferentes variaciones que se generan a partir de ellas, en donde la premisa principal es que ineludiblemente tienes que ceder para conseguir al hombre perfecto.

En su momento no entendí esta extraña clasificación masculina, pero ahora puedo ver claros ejemplos de cómo algunas mujeres toleran que sus novios desaparezcan todos los viernes en la noche porque se parece – solo con mala iluminación- a Ryan Reynolds o que no les importe que sea un celoso enfermizo ya que les carga las bolsas cuando van de compras como todo un “caballero”.

No pude evitar preguntarme si realmente Carla me dijo en su momento el mejor consejo del mundo y la clave para las relaciones duraderas, pero finalmente entendí que no se trata de una selección analítica y premeditada, es más bien un conformismo circunstancial donde terminas autoconvenciéndote de ignorar las fallas del gordito que conociste en Tinder sólo porque resultó no ser un depredador sexual y vaya que has conocido a más de uno.

El problema está en creer que hay un hombre perfecto, fallar al intentar conseguirlo y luego conformarse con la primera persona que crees puede merecer la pena inventando teorías para convencerte de tu decisión.

Y tú, ¿Cuáles son las concesiones que estás dispuesta a hacer en pro de un amor a la Disney?

Karina

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