¿Dejarías a tu pequeña hija hacer pole dance?

““Dejarías a tu pequeña hija hacer pole dance? La impresionante nueva moda de fitness en los padres”

Así se traduce un titular que publicó el Daily Mail en Inglaterra hace unos meses y debo confesar que leer esta noticia me dejo asombrada y yo que pensaba que usar el metro en una ciudad tercermundista te quitaba la capacidad de asombro.

Inculcar este hábito en tu hija, sobrina o hermana no sé en que categoría de abuso infantil y daño psicológico cae, y  lo critico más que los concursos de Mini Belleza Teen porque ambos son más dañinos que fumar crack con un proxeneta en frente de ellas. Y eso me hace suponer que pronto se vendrán los actos de fin de curso donde todos los padres – y si tienen suerte, curas católicos – también verán a sus pequeños tesoros batitubear en el acto de navidad del colegio. Como me hace extrañar los días donde nos ponían a bailar como Shakira meneando las caderas cual concubina árabe.

En la película Crazy Stupid Love, Ryan Gosling le dice a Steve Carell que la guerra entre sexos se había terminado y los hombres habían vencido el día que las mujeres empezaron a tomar clases de pole fitness… ¡Cuánta razón tiene!  Sólo quisiera que los argumentos que repiten las pole dancers para defender su disciplina fueran un poco menos auto engañosos y sepan que valerse del escudo de cartón que llaman “feminismo” no es más que una mayor degradación de una cultura que presenta a las mujeres como objetos sexuales… Y pronto sus hijas también.

 Me pregunto, ¿Qué pasa ahora que Diosa Canales empezó a publicar fotos practicando su nueva rutina? ¿ Acaso se está alejando de su imagen de “afiche de taller”? ¿Se convertirá ahora en la heroína número uno de las niñas, algo así como una Sascha Fitness más escotada?

Karina

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La moda de las “artistas de tubo”

Querido diario:

Si les pregunto a las amigas que lo practican, me responden que es un “arte” o que es un “deporte” que te tonifica de una manera increíble, y a veces me recuerdan que es gracias al pole dance que Jennifer Aniston tiene casi 50 y goza de mejor cuerpo que el mío… Primero: el pole dance no puede ser un arte ni colocándole escarcha al tubo; en cuanto a la segunda será un deporte sólo para las prepago en sus días libres; y en cuanto a la tercera, Jennifer Aniston se hizo famosa por interpretar a la rubia materialista del grupo que se acostó con todos menos con Chandler – el gay del grupo – así que no me vengan con cuentos chinos!

¿Cómo pueden defenderlo como algo “fitness” cuando existen deportes que son menos sugestivos, denigrantes y tienen la misma carga aeróbica para quemar todas esas papas fritas y coca colas light de sus celulíticas piernas? Y ni hablar de las fotos que suben de sus “shows” vestidas con lentejuelas, que son tan anticuadas como un teléfono público en centro comercial y tan de mal gusto como ropa interior café hecha en cuero.

Yo sé que es decisión de ellas  si se meten en clases de crochet o pirotecnia, pero sigo sin entender ¿por qué les es más fácil inscribirse en clases de pole dance que clases de natación? ¿Será porque tienen más amigas que las acompañen a la primera que a la segunda? qué triste… Dime con quién te etiquetas y te diré quién eres.

Quizás sólo siguen los estándares que les venden a través de Angelina Jolie  y aunque en realidad tengan el sex appeal de Amy Winehouse, creen que subir fotos en Facebook con las piernas abiertas  las hará más deseables para los perdedores que intentan atraer y terminan siendo aún más perdedores a quienes realmente atraen

Tal vez todas estas “artistas del tubo” han sido seducidas por una tendencia bien promocionada: agringar el nombre del gimnasio y ubicarlo en zonas exclusivas para que las mujeres que puedan pagar las hiperinfladas mensualidades tengan cerca su nueva moda y lo publiquen en todo perfil que tengan como su nuevo mantra, a pesar de que fueron criadas como católicas.

Sabes lo que es peor querido diario, ahora quieren que sea incluido como disciplina olímpica, ¿puede haber algo más misógino que esto? Está bien que quieran auto convencerse de que no son unas cualquieras por hacerlo, pero les quisiera decir que si quieren ganar autoestima, leer un libro les sale más barato que eso – y cerrar las piernas, ¡ni se diga!

Karina.

50 shades of Stupid

Ayer llegando al trabajo me conseguí con un círculo de mujeres chismeando en un cubículo, algo que normalmente solo puede significar dos cosas: o se enteraron de cuánto le aumentaron el salario a la secretaria que se pone minifaldas o que vieron al novio de la que les cae mal el fin de semana en la playa con otra. Pero, para mi sorpresa me encontré con una conversación de 5 mujeres haciendo planes para ir a ver la película de 50 sombras de Grey con mucha más emoción de la que tenían para sus planes del fin de semana con sus novios.

 Me parece irónico que estas mujeres que hablan de que jamás verían una porno con su novio porque “¡qué vergüenza!”  piensan ir a la función de las 4 de la tarde, comprar su combo de cotufas y subir a Instagram la foto de la entrada a una película de sadomasoquismo con las “amigas” que critican en el baño. Genious!.

Me voy a mi puesto conteniendo las ganas de burlarme, pero es que cómo les explico que es una historia basada en la saga de Crepúsculo, o sea es algo así como convertir un disco de Arjona en algo peor, el resultado sería Arjona cantando Paulo Coehlo Ft. Pitbull.

Estos libros de “Porn for Dummies” narran la historia de Christian Grey un tipo abusivo que se aprovecha de una tonta insegura llamada Anastasia Steele (me imagino que no estaban disponibles más nombres de bailarina erótica que le podrían poner) y lo hacen pasar por una relación sana, intentando tapar todos los látigos y nalgadas con que en el último libro se enamoran y son felices para siempre (¿de verdad?). A ninguna mujer psicológicamente estable puede gustarle semejante historia.

Lo peor de todo es escuchar a mis compañeras decir que los hombres deberían aprender un par de cosas de Christian Grey, porque “él sabe lo que les gusta a las mujeres”. Si lo que buscan es un tipo que las menosprecie, las trate como  esclavas sexuales y las acose, estoy segura que ese hombre idílico está escondido en algún grupo de chat de esos de CANTV de mayores de 18, en cualquier constructor de obra que les gritó algo obsceno en la mañana o en ese vigilante sin dientes que les mira el trasero todos los días.

Pero claro, esto sólo les es atractivo si viene de un tipo guapo y multimillonario, porque si sus novios, que ganan sueldo mínimo, que las llevaron el 14 de febrero a comer helados y lo más que le han regalado es un ticket de metro, se les ocurre amarrarlas con sus correas Timberland sería lo más mata pasión del mundo, los terminan y al día siguiente los ridiculizan en cuanto grupo de Whatsapp tengan en su LG – Si, LG porque no tienen un Christian Grey en su vida que les regale un iPhone, lo siento.

Ni hablar de las mamás que todas las noches luego de arropar a sus hijos en sus camas y leerles un cuento se van a leer su libro de cabecera fantaseando con cosas que ningún hijo quiere imaginarse, y aunque van a misa todos los domingos, al salir comentan con las vecinas el nuevo capítulo y lo maravilloso de la historia. Me gustaría preguntarles si pensarían igual si su hija tuviera de novio a alguien como el protagonista, si aplaudirían las nalgadas, y si estarían felices de que lleven a su tesoro al cuarto rojo del dolor.

Lo único bueno de este libro es que ahora es más fácil identificar a las subnormales del resto, facilitando la limpieza anual de contactos en Facebook, borrando aquellas que frenéticamente postean el tráiler o suben a Snapchat pedazos de la película. También se hace más fácil para los hombres diferenciar entre la mujer que se va a quedar tranquila mientras él le mete mano porque cree que invitarle un trago le da derecho a eso y la que le daría una patada entre las piernas si lo hace.

Muchas mujeres no entienden que detrás de todas las escenas de sexo intenso – bastante repetitivas, por cierto – y de todos los sueños mojados que puedan haberles provocado, lo que hay es un libro que no llega a ser una historia de amor, es demasiado aburrido para ser pornografía y termina siendo una historia llena de abuso psicológico y físico describiendo una relación más enfermiza que una entre Courtney Love y Keith Richards.

Pero mientras unas toman como referente a Anastasia Steele  y sueñan con un Grey que las maltrate yo busco una manera de reconducir este asco que me producen hacia una actitud políticamente correcta… luego te cuento como me fue.

 Karina

Je Suis Karina

Me llamo Karina y odio este nombre de transformista botoxeado que alguna vez fue cantante famosa cuando mis papás decidieron concebirme y gracias a la hormonalidad de mi mamá novelera, ahora también es mío.

Hoy te escribo cansada de las actualizaciones de status en Facebook de mis primas quinceañeras, esas que ya llevan nueve despechos y ni siquiera su novena regla, creyéndose maduras aún cuando su protector de pantalla sigue siendo de One Direction.

Estoy harta de las fotos en Instagram de la pasante del área. Es de esas que no puede cortarse el cabello sin dejar de tomarse una docena de fotos en su cubículo y bombardearlas con puros hashtags: #haircut #blonde #bendecida #perfect. ¿Será que alguien podría decirles a estas niñas de ahora que poner frases de Coelho en Twitter no sirve para hacerlas ver filosóficas si todo lo que suben son selfies con boca de pato en el baño?

Y ¿cómo le digo a las que estudiaron en mi colegio que ponerse tetas falsas las hace tan guapas como el camuflaje te hace invisible? Y que los 30 likes que le dan unos viejos de Kazajistán -gracias a sus nuevas adquisiciones- no reemplazarán todas las veces que sus papás faltaron a las obras del fin de curso. La silicona ya pasó de moda!

Ni hablar de las que todas las mañanas suben fotos de los mensajitos que les salen en el té de manzanilla, esos que se toman para pasar la amargura de las canas, la falta de novio y que ayer se perdieron el maratón de las Kardashians. Son casi tan patéticas como las que andan idiotizadas viendo videos de cómo hacer un porta cosméticos con una caja de Special K. Por Dios! Si yo ya aprobé kínder hace más de lo que quisiera admitir para estar con manualidades y es mejor dejar a las delicadas e infantiles manos chinas hacer lo que mejor saben hacer.

Lo que menos soporto es el hecho de que mi psiquiatra me haya sugerido – por no decir prescrito – que escribiera un diario para despejar mi mente, pero aprovecharé la oportunidad para decirles a todas esas subnormales arriba descritas que aunque su tatuaje en el cuello diga: “Sólo Dios puede juzgarme”, aquí estoy yo para hacerlo.

Karina.